"El hombre no deja de jugar porque envejece, envejece porque deja de jugar" - George Bernard Shaw

Por José Litvak
Cuanto más la usamos, más la cambiamos.

Este punto es una propiedad interesante para cualquier jugador, significa que, por ejemplo, cada vez que ligamos un par de ases recordaremos las veces que nos sucedió y le sumaremos la nueva. Con el correr del tiempo, la mente tendrá una estadística más precisa sobre qué hacer con ellos.

El cerebro no administra los recuerdos en pequeños compartimentos sino de manera integral, interrelacionada y económica.

De ahí que, cuanto más jugamos, mejor información vamos a tener.

Un último dato. Los hechos vividos con fuerte carga emocional quedan guardados con más detalle (por eso, un bad beat nos persigue por meses, años o lustros, y hasta en nuestras pesadillas).

Esto sucede porque forman parte de lo que se denomina “memoria autobiográfica”, que tiene la particularidad de no sólo traer al presente los hechos sucedidos sino el sentimiento de ese momento, hasta el punto de casi “revivirlo”.

Esto explica la importancia de la pasión en la práctica de un deporte.

Si acumular nueva información sobre el juego nos hace mejores jugadores, vivirlo conectándonos con ese mundo emocional fijará estos recuerdos aún más y mejor.

JL

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